La oración por la paz en el espíritu de Asís desde el corazón de Valencia
40 años después de que el papa Juan Pablo II convocara a los líderes religiosos en Asís en una oración por la paz que pasó a la historia y que se ha venido repitiendo desde entonces, la fraternidad franciscana de Nuestra Señora de los Ángeles del barrio de Ruzafa, en el corazón de Valencia, ha revivido aquella llamada a la paz y la reconciliación el pasado martes, 27 de octubre.
Como se expresaba en la monición de entrada, “hoy nos unimos a tanta gente creyente que ora para que venga la paz, para que el Espíritu ponga en el corazón de los mandatarios deseos de paz, depongan las armas y firmen pactos de paz justa y duradera”.
El marco no podía ser más sencillo y, a la vez, elocuente en el convento de los franciscanos: presidiendo la oración, el cirio encendido, representando a Nuestro Señor, símbolo siempre de esperanza. De su llama se fueron encendiendo poco a poco cinco velas, representando a los distintos continentes, junto a un olivo, símbolo de la paz, y ante la imagen de san Francisco de Asís, como intermediario.
Mientras se encendían esas velas, eran evocados, en una lectura muy pausada, los más de 50 conflictos armados de esos continentes llameantes, los millones de víctimas que están generando, los muchos más millones de desplazados y las crisis humanitarias latentes durante años.
Desde los de “alta intensidad”, como los que enfrentan a Ucrania y Rusia, o los que desangran a Gaza y Cisjordania, Sudán, Yemen, Siria y Etiopía, hasta otros relevantes, sin olvidar a Myanmar (Birmania), Mali, Burkina Faso, Níger, Chad y Congo, o las situaciones de violencia en México y, últimamente, en Francia, Italia y hasta en España, incluyendo, por cierto, la invasión de Ceuta y los últimos episodios de violencia urbana en Barcelona o Bilbao.
Otro símbolo de la oración por la paz fue el cuerpo de cada uno de los participantes, para hacerlo también instrumento de paz, como señaló fray José Luis, guardián de la fraternidad franciscana de Nuestra Señora de los Ángeles. La señal de la cruz al comienzo; luego, la escucha de los distintos pasajes de la Palabra proclamados. Y, en especial, un gesto muy simbólico: de pie, cada uno con una mano colocada sobre el corazón, expresando en voz alta el compromiso por la paz mientras recitábamos la oración atribuida a san Francisco de Asís: “Señor, haz de mí un instrumento de tu paz…”.
Compromiso también para vivir y compartir esa paz. Como indicaba una de las canciones que interpretamos, acompañada por Fran Ros a la guitarra: “Buscaré dentro de mí un lugar donde haya paz, y poderlo compartir contigo al vivir, Señor, tu paz”.
Concluyó la celebración, en la que fueron intercalándose momentos de silencio, de oración, de lectura de la Palabra y plegarias musicales, con una invocación directa a la Virgen María, Reina y Madre: “Obtén el don de la paz donde se necesita la paz”.
Que así sea.
Luis M. Agudo Crespo
