Loreto, otro Greccio en Sevilla
Con el lema “Navidad franciscana en Loreto”, atardecido el pasado 31 de octubre, los frailes de este hermoso santuario sevillano de María Santísima han abierto la conmemoración del VIII Centenario de la Navidad de Greccio (1223-2023) con una velada literaria, musical y artística; que es como se bruñen las efemérides excepcionales en estas tierras.
Representado en tres actos o estampas navideñas —según dijo fray Joaquín Domínguez Serna, guardián del convento, en su saludo al numeroso público congregado en la iglesia—, la trama partió de Belén, casa del pan, el Pesebre sobre el que la Purísima recostó entre pañales al Verbo humanado en sus entrañas. Dos lectores, varón y mujer, leyeron al auditorio un retazo de la carta apostólica “El hermoso signo del Pesebre…”, que el papa Francisco firmó sobre el ara del eremitorio de Greccio en 2019. A partir de la carta, se destacó el origen y los símbolos de esta costumbre tan entrañable del pueblo católico y de su prole, y el valor catequético y pedagógico de la escenificación que han rubricado los siglos. A las palabras de esta primera estampa sucedió la imagen, o sea, un vídeo del lugar santo de la basílica de la Natividad, en Belén, donde el Verbo se hizo carne. Luego llegó la música en las voces del coro NovARIA, de la vecina Villanueva del Ariscal: vellón y terciopelo para arropar al Niño Dios nacido en nuestro frío valle.
Enseguida, los lectores trasladaron con su relato al auditorio a Greccio, al bosque donde fray Francisco congregó a frailes y aldeanos en la Misa de Medianoche de 1223. Junto al altar, un Pesebre rebosante de heno apetecible, el buey y el asno, según el vivo recuerdo que nos dejó el biógrafo fray Tomás de Celano. Aquí, la imagen trajo delante de los videntes el eremitorio de Greccio, memorial de lo que hizo el santo de Asís y de lo que el elegido vio sobre el Pesebre: el Hijo del eterno Padre hecho infante desvalido. La música la firmó de puño y letra Juan Manuel Yagüe, Juanma, franciscano seglar y trabajador de la casa.
Loreto fue el tercer acto, la penúltima estación del misterio, la casa en sosiego, cuyos datos históricos esenciales quedaron hilvanados en las locuciones, seguidas por las espléndidas vistas de su patrimonio cultural del tercer vídeo. El broche lo puso el Coro de Campanilleros de Villanueva del Ariscal, otro primor para el oído.
Coronadas las jornadas de este paso, de nuevo el Verbo: la bendición e inauguración de un Nacimiento o Pesebre monumental, que exhibirá la iglesia conventual del Aljarafe desde este 31 de octubre hasta el 6 de enero del año que viene. Imágenes rescatadas que formaron parte de las llamadas Jornaditas, representadas en el tramo final del adviento por los frailes del convento de San Buenaventura, en su templo de Sevilla.
De Belén a Loreto, haciendo noche en Greccio, porque hay que grabar la inefable herencia del padre Francisco, adorador del Verbo encarnado, desvalido y pobre, al que amó, anunció y siguió hasta el extremo de que en él tuvieran las generaciones otro Cristo, Alter Christus del segundo milenio.
Fray Antonio Arévalo Sánchez, OFM
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