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En el mes de junio con San Antonio de Padua


04 Junio 2020
En el mes de junio con San Antonio de Padua

Serán muchas las alegrías que vendrán: de gente sencilla, estudiosa, devota, buscadora, amiga, para seguir con más amistad con el Santo de Portugal, de Padua, de todo el mundo, y rezar en cualquier tempestad, alegría, o en la intercesión de un milagro. ¡Qué necesitamos milagros! Y, dentro de los más importantes, tener fe, seguir con esperanza, saber amar confiadamente. Y milagros en la salud y en la enfermedad, en la pobreza y la riqueza, en la ancianidad y en la adultez, en la juventud y en la niñez.

¡Oh!, si aprendemos a reír, a bendecir, a caminar, a orar, a ser sencillos, confiados como las aves del cielo, seguros en la bondad del Padre, acogedores como Jesús con los pecadores y más pobres. Ojalá aprendamos a pedir el Reino en medio de la inseguridad, por la misericordia que vemos en la Cruz, ojalá aprendamos a pedir el perdón porque somos perdonados hasta lo profundo de la entraña.
¡Ah!, si aprendemos a cantar y a bendecir, con todo el coro de los Ángeles, con el magníficat de Santa María la Virgen, con el santo de los coros celestiales.

¡Qué bien! Si durante estos días de la Novena de preparación a la Fiesta de San Antonio recogemos el fruto de la paz, de la serenidad, del abandono confiado en las manos del Padre, de ser, sí, misioneros, portadores de la amabilidad y la laboriosidad. ¡Qué alegría!, si al final respiramos con la Humanidad entera en más justicia y paz, en la abundancia de un corazón hecho hermano con los enfermos, con el dolor, con todo el entorno de la tierra hermana, con los mares y los peces que se movían delante de las palabras predicadas por San Antonio, a quien San Francisco dio permiso para que enseñase teología sin “ahogar el espíritu de la oración y devoción”.
Queremos que sean unos días de Oración, de Oración con todos. ¡Qué bien me puede hacer la Oración, como el despertar a un sentido que antes no tenía mi vida, una visión de Dios, un acercamiento a la realidad más profunda: la amistad con Dios y con la Humanidad. La oración es bienaventuranza, momento de abrazos y de cubrir de besos a “Aquel a quien amamos, sentimos, o hemos perdido”. Y es ocasión de llenar toda la casa del mejor perfume, porque se cree en el amor, en el amante, en quien da la vida y saca de la muerte.

Oh Antonio, Santo y Doctor, Franciscano, sigue predicando y mostrando cómo la Oración es el corazón grande que da latidos a cada momento agradeciendo y pidiendo, sanando y mostrando la pobreza del corazón. Destierra muerte y error de nosotros, y acompaña a nuestra salud, dando gracias y bendiciendo al Señor Tres veces Santo, Fuerte e Inmortal.

Iglesia de San Francisco. Vélez-Málaga

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