FRAY JUNÍPERA

FRAY JUNÍPERA

Si no eres de nuestro gremio marrón, ni simpatizante siquiera, lo de Fray Junípera no te sonará nada, así que más vale que empiece por el principio. Fray Junípero, con “o” final, era un fraile muy simple, muy simple, muy simple el pobre, pero amaba mucho a San Francisco y viceversa también. De él se cuentan muchas historias chuscas que puedes leer en el DIRECTORIO FRANCISCANO, pinchando en https://www.franciscanos.org/florecillas/frayjunipero.htm. Lo de JuníperA, en femenino, tiene también su por qué. San Francisco de Asís tenía cantidad de amigos y amigas, porque eso no está reñido con ser santo, y en Roma vivía una amiga suya, viuda y ya con sus añicos la mujer, que se llamaba Jacoba de Settesoli. Era una señora de la nobleza y tenía una casa solariega, y alguna de las veces que nuestro Santo fue a Roma se hospedó allí. Eran tan amigos que San Francisco la llamaba “fray Jacoba”, y la trataba como si fuera un fraile más; de hecho, cuando estaba a punto de morir le mandó aviso para que fuera a despedirse de él y, de paso, le trajera tela para la mortaja y —nos dice textualmente su biógrafo— “un pastel que el Santo había deseado comer”. Por eso los franciscanos, además de golosos por vocación, cuando hay alguna feligresa que viene mucho por el convento o nos regala dulces, la llamamos, en plan cariñoso, por supuesto, fray Manoli, o fray Teresa, o fray como quiera que se llame.

Bueno, pues uno de los episodios del buenazo de fray Junípero es que en cierta ocasión lo dejaron de cocinero en el convento. Y no se le ocurrió otra cosa que coger todas las ollas que había por la cocina, ponerlas juntas en la lumbre y preparar de una tongá comida para quince días seguidos, porque así ahorraría mucho tiempo para poder dedicarlo luego a hacer oración. Por si eso fuera poco, y como no había visto nunca Máster Chef, llenó las perolas con todos los ingredientes que se le ocurrieron, en cantidades industriales y sin lavar, ni pelar, ni partir, ni quitarle las plumas a las gallinas. Si no te lo crees, busca en el enlace que te he puesto arriba, ves bajando por la página y llega al capítulo X (no, no es una talla, es la forma en que los romanos escribían el número 10) y allí, justo debajo del dibujo de José Segrelles, tu propia persona lo puede leer en poco más de un minuto. Si no tienes internet da igual, porque sin mucho esfuerzo puedes imaginar el resultado: ¡un completo desaguisado!, y nunca mejor dicho.

Tranquilos, que aterrizo. Desde poco antes de la pandemia tenemos nueva cocinera. Es una muchacha de aquí del pueblo, muy amiga de Miguel, y la conocíamos todos porque solía venir a rezar al coro, o a pasear por las capillas del huerto y sentarse junto a la balsa, que es un rincón precioso donde mora la serenidad y sientes a Dios justo al lado. El caso es que, de golpe y porrazo, la cocinera antigua nos dijo que se iba. Y como a esa chica le hacía falta el trabajo, sabíamos que era de fiar, prudente, muy trabajadora, limpia y —aquí redoble de tambor— hace unos dulces que te mueres... O sea, que en septiembre ya la hacemos fija y con contrato indefinido. Acabo. Por ley le correspondía medio mes de vacaciones, y se las tomó a finales de agosto. Como ninguno de los frailes sabemos hacer de comer, ella, sin decirle nada a nadie, y cocinando en su casa en sus horas libres, nos dejó comida hecha para los quince días. Tal cual. En envases de aluminio de esos con tapa de cartón, y cada uno con un rótulo: pollo al chilindrón, merluza en salsa, tacos de ternera, etc. Cuando abrí el congelador grande y me encontré toda aquella comida junta, tan pulcra y ordenada, me pasmé vivo, como podrás suponer. Era como lo de fray Junípero, pero en plan señora Jacoba de Settesoli. Total, total, total. Por eso lo de “fray JuníperA”.

Lo que pasa es que, como en chica suena tan mal ese nombre, hemos quedado en traducirlo al manchego: a partir de ahora ella me dice hermanico y yo la llamo hermanica, porque lo de los táper es una cosa muy de familia y es como si lo “seriésemos” [fuésemos] en realidad de verdad. Que me perdone santa Mercadona, a quien siempre fui fiel, pero ahora ya con fray JuníperA en el convento...

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