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  • Cada día con Francisco de Asís

Julio 25

Y como había aprendido en la oración que el Espíritu Santo hace sentir tanto más íntimamente su dulce presencia a los que oran cuanto más alejados los ve del mundanal ruido, por eso buscaba lugares apartados y se dirigía a la soledad o a las iglesias abandonadas para dedicarse de noche a la oración. Allí sostenía frecuentes y horribles luchas con los demonios, que, atacándole sensiblemente (cf. 2 Cel 119), se esforzaban por perturbarlo en el ejercicio de la oración. Él empero, defendido con las armas del cielo, cuanto más duramente le asaltaban los enemigos, tanto más fuerte se hacía en la virtud y más fervoroso en la oración diciendo confiadamente a Cristo: A la sombra de tus alas escóndeme de los malvados que me asaltan .
Después se dirigía a los demonios y les decía: «¡Espíritus malignos y falsos, haced en mí todo lo que podáis! Bien sé que no podéis hacer más de lo que os permita la mano del Señor. Por mi parte, estoy dispuesto a sufrir con sumo gusto todo lo que Él os asigne infligirme». No pudiendo soportar los arrogantes demonios tal constancia de ánimo, se retiraban llenos de confusión.

(LM 10,3)

V/ En alabanza de Cristo y su siervo Francisco.
R/ Amén.

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