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  • Cada día con Francisco de Asís

Septiembre 21

El bienaventurado Francisco tuvo una visión que pudo haberle inducido a pedir un cardenal protector y a recomendar la Orden a la Iglesia Romana. Había visto, en efecto, una gallina pequeña y negra con plumas en las piernas y con los pies a modo de paloma doméstica, que tenía tal número de polluelos, que no podía cobijarlos bajo sus alas; giraban en torno a ella y siempre quedaban fuera.
Cuando se despertó empezó a pensar sobre el significado de la visión e, iluminado súbitamente por el Espíritu Santo, reconoció que era él representado figurativamente en aquella gallina. Y se dijo: “Yo soy esa gallina: pequeño de estatura y moreno; debo ser sencillo como la paloma y remontar el vuelo hasta el cielo por medio de los afectos, que son las plumas de las virtudes. Pero el Señor, por su gran misericordia, me hadado y me dará muchos hijos, a quienes por mis solas fuerzas no podré proteger. Así pues, es necesario que yo se los recomiende a la santa Iglesia para que los proteja bajo sus alas y los gobierne”. (TC 63)

(TC 63)

V/ En alabanza de Cristo y su siervo Francisco.
R/ Amén.

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