El color blanco de la Navidad y la Epifanía.

La diversidad de colores en las vestiduras sagradas pretende expresar con más eficacia, aun exteriormente, tanto el carácter propio de los misterios de la fe que se celebran, como el sentido progresivo de la vida cristiana en el transcurso del año litúrgico. Así los cristianos oran con sentimientos diversos evocados también por los colores de las vestiduras litúrgicas.

El color “blanco”, que usamos en la casi muy próximo Tiempo litúrgico de la Navidad y de la Epifanía, también lo utilizamos en la Pascua, en las fiestas del Señor, de la Bienaventurada Virgen maría, de los Arcángeles, ángeles, santos –no mártires-; sin duda es el color del gozo pascual, de la luz y de la vida.

El “Blanco” es el color representa a Dios. El blanco, por definición, es el color sintomático de la pureza del alma, del gozo y la limpieza de espíritu; significa gloria, alegría e inocencia, tiempo de júbilo, la paz, y de la santidad de vida. Santidad de la vida que nos llega en la pobreza de Belén: Navidad y Epifanía:

  “Dios se ha manifestado. Lo ha hecho como niño. Precisamente así se contrapone a toda violencia y trae un mensaje que es paz. En este momento en que el mundo está constantemente amenazado por la violencia en muchos lugares y de diversas maneras; en el que siempre hay de nuevo varas del opresor y túnicas ensangrentadas,  clamemos  al Señor: Tú,  el Dios poderoso, has venido como niño y te has mostrado a nosotros como el que nos ama y mediante el cual el amor vencerá. Y nos has hecho comprender que, junto a ti, debemos ser constructores de paz. Amamos tu ser niño, tu no-violencia, pero sufrimos porque la violencia continúa en el mundo, y por eso también te rogamos: Demuestra tu poder, ¡oh Dios! En este nuestro tiempo, en este mundo nuestro, haz que las varas del opresor, las túnicas llenas de sangre y las botas estrepitosas de los soldados sean arrojadas al fuego, de manera que tu paz venza en este mundo nuestro” (Benedicto XVI. Homilía 24-12-11).

Las rúbricas generales del misal romano, recordadas por el motu proprio Rubricarum instructum de Juan XXIII, indican los colores utilizados en los ornamentos propios de la liturgia del rito latino.

Los ornamentos del altar, del celebrante y de los ministros deben ser del color propio del Oficio y de la Misa del día o de otra Misa que haya de celebrarse, según el uso de la Iglesia romana, la cual acostumbró usar cinco colores: 

Blanco, Rojo, verde, Morado y Negro. 

Fr. Francisco M

 

Fray Francisco M. González Ferrera, OFM. Cádiz 

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