Adviento. Apuntes Litúrgicos

Comenzamos una nueva sección, dedicada a la LITURGIA, que llevará este título “Apuntes litúrgicos”. El responsable es nuestro hermano Francisco M. González Ferrera que forma parte de la Comisión de Liturgia de la Provincia. En esta ocasión, lo dedicamos “al color litúrgico del Adviento”.

Casi a punto de introducirnos en el Nuevo Año Litúrgico (ciclo A), con el Adviento cuyo color característico es el Morado, que connota realeza, nobleza, sabiduría, creatividad, espiritualidad, fuerza, energía, lealtad y éxito. Indica la esperanza, el ansia de encontrar a Jesús, con espíritu de penitencia y austeridad; por eso se usa en adviento, cuaresma y liturgia de difuntos. 

Aspectos que brindan a las personas bienestar en su vida espiritual. Nos invita a dejar a un lado los prejuicios y disfrutar de la vida nueva que ya llega, recostado sobre un pesebre..., quizá nos puedan ayudar estas palabras del Papa Benedicto XVI: “Iniciamos con toda la Iglesia el nuevo Año litúrgico: un nuevo camino de fe, para vivir juntos en las comunidades cristianas, pero también, como siempre, para recorrer dentro de la historia del mundo, a fin de abrirla al misterio de Dios, a la salvación que viene de su amor. 

El Año litúrgico comienza con el tiempo de Adviento: tiempo estupendo en el que se despierta en los corazones la espera del retorno de Cristo y la memoria de su primera venida, cuando se despojó de su gloria divina para asumir nuestra carne mortal. «¡Velad!». 

Este es el llamamiento de Jesús en el Evangelio a sus discípulos, y a todos: «¡Velad!» (Mc 13, 37). Es una exhortación saludable que nos recuerda que la vida no tiene sólo la dimensión terrena, sino que está proyectada hacia un «más allá», como una plantita que germina de la tierra y se abre hacia el cielo. Una plantita pensante, el hombre, dotada de libertad y responsabilidad, por lo que cada uno de nosotros será llamado a rendir cuentas de cómo ha vivido, de cómo ha utilizado sus propias capacidades: si las ha conservado para sí o las ha hecho fructificar también para el bien de los hermanos. 

En realidad, el verdadero «Señor» del mundo no es el hombre, sino Dios. El Evangelio dice: «Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa, si al atardecer o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer: no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos» (Mc 13, 35-36). 

El Tiempo de Adviento viene cada año a recordarnos esto, para que nuestra vida espiritual recupere su orientación correcta, hacia el rostro de Dios. El rostro no de un «Señor», sino de un Padre y de un Amigo. 

Con la Virgen María, que nos guía en el camino del Adviento, hagamos nuestras las palabras del profeta. «Señor, tú eres nuestro padre; nosotros la arcilla y tú nuestro alfarero: todos somos obra de tu mano» (Is 64, 7)”. 

¡Marana tha! ¡Ven, Señor Jesús!

Fr. Francisco M

 

Fray Francisco M. González Ferrera, OFM. Cádiz 

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