Fray Sebastián García. Hacia el eterno.

La muerte que hoy anunciamos, no por largo tiempo presentida menos dolorosa, es la de fray Sebastián García Rodríguez, OFM, Hijo Predilecto de Campanario (Badajoz) (2009), Cronista oficial e Hijo Adoptivo de la puebla de Guadalupe (Cáceres), memorable por sus trabajos en la Provincia Bética y en el Real Monasterio de Guadalupe, célebre e irrepetible por sus arengas de púlpito en las fiestas de septiembre.

 Nació en Campanario el 6 de junio de 1927, tercero de siete hermanos de una familia humilde, y pronto se sintió inclinado a la piedad y religión. Admitido a temprana edad en el Colegio seráfico de Fuente del Maestre (Badajoz), destacó por su aplicación y buena memoria. Al iniciar el noviciado en el convento de Loreto contaba 17 años, haciendo allí la profesión de votos temporales el 9 de septiembre de 1945, que le daba paso a la carrera eclesiástica en el coristado de Guadalupe. Su dedicación al estudio se enriqueció en la ilustre casa de la Patrona de Extremadura —de la mano de sus maestros, entre los que destacó el P. Arcángel Barrado— con el amor a la historia de la Orden en Extremadura, a Guadalupe y a la figura de san Pedro de Alcántara. Emitida la profesión solemne el día festivo de nuestro Padre de 1948, fue ordenado presbítero en el altar de la Virgen Morena el 28 de junio de 1953. Enviado al Pontificio Ateneo Romano Antonianum obtuvo el doctorado en Derecho Canónico el año 1957, con la tesis De influxo metus in sacram ordinationem eiusque onera (Sevilla 1957). Enseguida tuvo bajo los muros ilustres del alcázar de la Hispanidad, en el curso de dos obediencias, cargo de profesor del Teologado, coadjutor parroquial y consiliario de la Juventud Antoniana.

Antes de su regreso al Monasterio, el año 1983, fue secretario de Capítulos provinciales, guardián de los conventos de san Antonio de Padua, uno en Cáceres (1974-1977) y otro en Sevilla (1977-1980); del histórico cenobio de la Rábida (1980-1983), al que tanto afecto tuvo. También desempeñó los oficios de vicario (1974-1980) y secretario de la Provincia Bética (1968-1974. 1977-1980); durante tres trienios dirigió, en la etapa de su refundación, el boletín oficial Bética Franciscana (1968-1974. 1977-1980), y quince años La Voz de San Antonio y su almanaque (1968-1983). En su última y más fecunda etapa guadalupense fue vicario, predicador encendido, maestro de ceremonias, cronista y secretario capitular, director de la revista Guadalupe, archivero y bibliotecario (1983-2010).

Amén de eso, el P. Sebastián tuvo a su cargo en Guadalupe la secretaría de congresos, jornadas históricas y simposios, así como la edición de sus actas. Es amplísima la lista de los artículos, de ponencias en congresos iberoamericanos, de obras que ha coordinado y de libros que ha firmado con su nombre. Espigo, de entre tan frondosa bibliografía guadalupense, el práctico Corpus Bibliographicum Guadalupense (2003), la edición facsimilar de las Ordenanzas y Costumbres de los reales hospitales de Nuestra Señora Santa María de Guadalupe (1999), las prácticas y variadas Guías, iniciadas en 1973 con aquella Guadalupe, cita de fe y de arte, que corona la magnífica obra Guadalupe, siete siglos de fe y cultura (1993); al igual que los estudios consagrados al Camarín (El camarín de Guadalupe: historia y esplendor, 1996), al Scriptorium jerónimo (Los miniados de Guadalupe: Catálogo y museo, 1998), al taller de bordadura (Los bordados de Guadalupe, 2006) y al Coro monástico (El coro de Guadalupe: historia y arte, 2006).

Tan acendrada afición a la escritura principió en la métrica, a la que volvió en la edad otoñal; pero su obra más destacada se vacía en el epítome histórico, el artículo de alta divulgación y la crónica documentada. Entre las cualidades intelectuales del P. Sebastián descuella el prodigio de la memoria, la precisión en el uso del idioma y la sólida base etimológica, que enlazadas a la bonhomía del fraile generoso, al gracejo chispeante y la amabilidad sin desmayo, lo hicieron querido, respetado y honrado, fuera y dentro de la región extremeña. De modo que la Consejería regional de Cultura y Patrimonio le otorgó diploma en 1994; un año después, la Unión de Bibliófilos Extremeños (UBEx) le honró con el título de Bibliófilo de Oro y el HOY. Diario regional de Extremadura le distinguió en septiembre de 1998 con el premio Extremeños de HOY. Era, además, miembro de honor de la Asociación cultural campanariense Valeria y de la Asociación Amigos de la Cultura Extremeña, que tiene sede en Don Benito (Badajoz). El P. Sebastián, humanista e historiador, por su probado amor a la Señora, de la que fue Caballero honorario, recibió el título de Hijo Adoptivo (13 de agosto de 2002) y fue Cronista oficial de Guadalupe (22 de febrero de 1991), a la que siempre ha profesado un cariño tierno y vivo.

De madrugada, como era habitual en él, minutos antes de las 4 del día 26 de junio ha partido del convento de Loreto (Espartinas, Sevilla) hacia el Eterno. Que el Padre de las Luces lo sumerja en su infinita sabiduría.

Monasterio de Guadalupe

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