Periferias materiales y existenciales

Nos escribe nuestro hermano Pablo Scioti,  donde nos cuenta su experiencia en la participación en distintas celebraciones Eucarísticas en la Cañada Real de Madrid.

Durante los últimos meses, desde Enero del 2015 hasta la fecha, algunos hermanos de la familia franciscana (un hermano capuchino del Paraguay Fr. Tomás Sosa, y un servidor de la Provincia de la Inmaculada Ofm) hemos estado participando en las celebraciones Eucarísticas dominicales en la Iglesia de Santo Domingo de La Calzada, en la Cañada Real de Madrid. 

Impulsados principalmente por el deseo profundo de “encontrarnos” con Cristo, presente tanto en la Eucaristía como también, de manera misteriosa, en los últimos y excluidos; nos hemos introducido junto a algunos laicos y otras ramas religiosas en el seno de un conglomerado de chabolas donde se coloca la mencionada Iglesita. Colocada en el punto neurálgico donde converge quizás lo más necesitado de la Cañada… un sinfín de almas desesperadas de sentido. 

Aquel impulso inicial, había derivado en una tarea de presencia concreta intentando también responder -de alguna de las tantas maneras posibles- a la invitación que el Papa Francisco nos hiciera reiteradas veces a acercarnos a las periferias. 

Estos meses han sido y son una experiencia de fraternidad y pluralidad religiosa de gran riqueza. La gran acogida que hemos recibido de parte del párroco Agustín, quien desde el primer momento nos ha hecho sentir parte de la familia y de la casa; como de las mismas personas que pertenecen ya desde hace tiempo a esa comunidad de voluntarios… ha sido todo un ejemplo de apertura y comunión, y así se hacía patente en cada Eucaristía celebrada en la Iglesia de Santo Domingo de La Calzada.

Hemos constatado y experimentado la importancia y necesidad de aquella experiencia evangelizadora que practicara Francisco de Asís con sus primeros hermanos… la “mera” presencia no es poca cosa. Estar, en y desde nuestro ser religiosos, es hacer presente a “Otro”, al que nos llama y envía. Ya el Papa Francisco nos anima tantas veces a todos los creyentes -sobre todo a los consagrados- a “ir a las periferias sin miedo”, porque “el Señor nos precede” y “está allí antes que nosotros vayamos”, esperándonos. 

De hecho, y paradójicamente, más que acariciar heridas hemos sido acariciados... La presencia franciscana en el lugar ha sido acariciada tanto por las demás presencias religiosas consagradas y no consagradas, como por muchas de las personas propias del lugar. La realidad difícil -conocida y desconocida a la vez-, pide, reclama, y agradece nuestra pequeña y simple presencia. Y nosotros también los necesitamos.

 De hecho, fue muy significativo el pasado 16 de Mayo del corriente, en que celebrándose una fiesta importante de la Iglesita, lo expresara a su manera el arzobispo de Madrid Carlos Osoro, quien quiso hacerse presente presidiendo la Eucaristía en el lugar y participar de la celebración el mismo día de su cumpleaños número 70. 

Así, entre festejos, elogiaba la diversidad y comunión de carismas que allí se habían dado cita, así como la presencia (aunque poca) franciscana. Es precioso constatar que donde está un hermano, está la Provincia, están los “franciscanos”… de ahí la importancia de que la Provincia también esté allí donde está el hermano.

Y aquí es importante y necesario agradecer a todos aquellos hermanos que han hecho posible, de un modo u otro, que nosotros hayamos podido hacernos presente en esta realidad a la que nos sentíamos y sentimos llamados. Porque detrás hubo una fraternidad apoyando, estimulando, dando ánimo, dando coraje, estimulando la fe, y alentando esperanzas y sueños… Gracias a todos los hermanos que nos acompañaron y que nos ayudaron a poder hacer frente nuestros temores de cada jornada y nos animaron en la respuesta a una llamada concreta.

Algo muy importante es que más allá de la presencia, -y profundizando un poco más en lo que allí sucede-, es impactante tomar conciencia de que en medio del punto más neurálgico del asentamiento de chabolas, en donde más se distribuye, se vende, y se consume droga; allí mismo, Nuestro Señor Jesucristo se hace presente bajo las dos especies en una pequeña Iglesia con su Cuerpo y Sangre… es conmovedor, a veces, ver entrar allí a una de las tantas almas que, sin saberlo aún, le necesitan. El Señor vuelve a hacerse presente en medio de lo más bajo, de aquellos quienes han perdido sentido de su existencia pero que aún no se resignan y se aferran como pueden a la “vida”, anestesiándose al dolor de tal vacío. Es conmovedor ver la real presencia del Cuerpo y Sangre del Señor haciéndose presente en medio de tal desolación física y existencial.

Allí, incluso, justo al lado de la Iglesia, suele apostarse un autobús de salud Madrid agencia antidroga, para repartir metadona a quienes intentan salir de un inframundo que los ha atrapado. En ocasiones dan también algo de alimento. También está Caritas realizando sus tareas, e innumerables voluntarios y voluntarias que suman el lomo para devolver un poco de dignidad a quienes necesitan recuperar su dignidad de personas.

En este corto tiempo en que hemos podido hacernos presentes, apenas si hemos podido hacernos eco de toda la información y de la cantidad de cosas, tareas, y problemas a los que intentan hacer frente desde esa presencia. También existen los tantos “signos de luz” que también se logran ver y que se comparten en cada Eucaristía… aunque son muchas las cosas concretas que se hacen necesarias. 

Es también necesario transmitir y dar luz a una especie de esclavitud que existe en plena periferia madrileña. Es duro comprobar y escuchar de algunos de los de allí, la realidad que sufren muchos de los que han caído “esclavos” como adictos, de los cuales demasiados son los que viven a la intemperie o en míseras tiendas de campaña… porque lo dan todo por la adicción en la que han caído. Se hace también necesario darle voz a la realidad de aquellos grupos o familias que manejan o dominan la venta de la droga, y que tienen literalmente esclavizados a los usuarios o adictos, haciendo tareas de limpieza, de vigilancia… sólo a cambio de un poco de consumo.

Jesús, el Señor, sigue presente entre los despreciados, entre aquellas realidades que forman parte de “una sociedad que margina y abandona en la periferia una parte de sí misma” . Ojalá esta realidad y estas realidades nos encuentren abiertos y activos para hacer presente nuestro carisma franciscano, haciendo presente el perfume de aquél de quien nos nutrimos y contemplamos, y dejándonos acariciar por la presencia misteriosa de un Señor que quiso hacerse sediento, desnudo, necesitado, para llenar de sentido nuestra vida.

Gracias a toda la comunidad de la Cañada real… Gracias a los hermanos que de algún modo hicieron posible que podamos responder a un llamado con nuestra presencia.

 

Este sitio web utiliza 'cookies' propias y de terceros para ofrecerte una mejor experiencia y servicio. Al navegar o utilizar nuestros servicios, aceptas el uso que hacemos de ellas. Puedes cambiar la configuración de 'cookies' en cualquier momento. Política de privacidad. politica de cookies.

  
ACEPTAR