El Alma de la Llamada que Llama

Hoy día 2 de febrero de 2021, fiesta de la Presentación del Señor, celebramos la XXV jornada mundial de la Vida Consagrada. Por este motivo, Fray Vidal Rodríguez desde Roma, nos envía la siguiente carta:

Si fuera una llamada humana la que llama…

Si fuera una llamada humana la que llama: se modularía con el andar de la vida, que es crecer y decrecer, escuchar y decir, hacer y deshacer. Se doblaría como una servilleta y se desdoblaría como una bandera. Crecería con los años y se arrugaría con las añadas. Se colgaría en la nube de la memoria y se almacenaría en el desván de los olvidos. Se atesoraría en las experiencias y se notaría en las cicatrices. Se enfrascaría en fracasos y se despejaría en disculpas. Se contaría en abrazos y se dolería en heridas. Se iría como las nubes, las olas, las voces, los quereres… ¿Y si fuera una llamada humana la que llama?  

Si fuera una llamada terrena la que llama…

Si fuera una llamada terrena la que llama: tronaría en los cielos y roncaría en volcanes. Mugiría  en los mares y silbaría en árboles. Hablaría en los desiertos y callaría en bosques. Dormiría en las dehesas y soñaría en trigales. Embriagaría en los viñedos y saciaría en higueras, arroparía en las encinas y madrugaría en almendros. Bulliría en los peces y volaría en las aves, cantaría en los grillos y caminaría en los ríos. Besaría en las sombras y rozaría en soles, olería a mieses y ungiría de aceite. Tiritaría al relente y arroparía en el fuego, lavaría las aguas y remontaría montañas… ¿Y si fuera una llamada terrena la que llama?  

Si fuera una llamada divina la que llama…

Si fuera una llamada divina la que llama: dejaría las redes y olvidaría las barcas. Comería espigas y pediría vino. Sembraría palabra y cerniría mentiras. Pisaría uvas y podaría agrazones. Levantaría tullidos y expulsará demonios. Encontraría monedas y perdería el tiempo. Buscaría ovejas y llamaría pastores. Zurciría las redes y enviaría pescadores. Vendaría heridos y reviviría muertos. Multiplicaría panes y repartiría peces. Rezaría la vida y viviría orando. Se sentaría a la mesa y perdonaría pecados. Bautizaría en el río y remaría en el mar. Contaría parábolas y estrenaría bienaventuranzas. Anunciaría el Reino y reinaría en los pobres. Miraría a los ojos y enjugaría lágrimas. Lavaría los pies y caminaría la vida. Rompería lanzas y olvidaría la bolsa. Regalaría la túnica y agradecería un vaso de agua. Pediría de beber y  olvidaría el sábado. Llamaría a Dios Padre y nos haría hermanos. Forjaría la paz y conseguiría justicia. Haría carne el pan y daría a beber su vino. Sería rica de pobreza y dócil de escucha. Amaría con amor nuevo y resucitaría al cielo… ¿Y si fuera una llamada divina la que llama?

El alma de la llamada que llama, es más que humana porque es divina, es más que terrena porque es del cielo. El alma de la llamada que llama es Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, que vivió oyente, limpio, sin propio.  Es Cristo, el consagrado al Padre que le consagra, quien nos llama a consagrarnos. Es Dios quien nos llama, configurándonos a Jesucristo, viviendo como él, obedientes, castos y pobres…[Cf. Juan Pablo II, Vita Consecrata, n. 20.]

¿Por qué? Porque el alma de la llamada que llama, nos ha llamado por nombre y por la Iglesia a vivir y anunciar el Evangelio en comunidad, en el mundo, en la pandemia… Y si Dios nos llama, sana y salva, él allanará el camino con la llama de la fe, de la esperanza y de la caridad. 

“Soñemos como una única humanidad, como caminantes de la misma carne humana, como hijos de esta misma tierra que nos cobija a todos, cada uno con la riqueza de su fe o de sus convicciones, cada uno con su propia voz, todos hermanos.” (Papa Francisco, Fratelli tutti, n. 8)

 ¡Dichoso día de la Vida Consagrada!

 Fray Vidal Rodríguez López ofm 

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