800 años de la conversión de San Antonio de Padua y su importancia en nuestros días

La vida de San Antonio no puede pasar desapercibida, no sólo por ser el santo más querido en todo el mundo y al que la gente llega para pedir de todo lo imaginable, además de ser un santo “interesado” ya que si no hay limosna difícilmente vamos a encontrarnos que la petición llegue a su cumplimiento.

Pero ese interés no se debe entender en el sentido egoísta nuestro, sino, el modo concreto, que se ve reflejado en el cepillo de san Antonio que tanto ayuda a personas necesitadas, que paga estudios, hipotecas y sacia el hambre a muchas familias que de otra forma en este tiempo de crisis lo pasaría mal.

Pero este año, celebrar a San Antonio nos lleva a recordar una efeméride muy importante y es el 800 aniversario de su conversión y de su llegada a Ceuta camino de evangelizar el mundo musulmán, pero que una enfermedad le llevó a no poder permanecer allí y en viaje de retorno en lugar de mandarlo a su Lisboa natal le llevó a Italia, donde la vida y misión cambió radicalmente.

Efectivamente, en Ceuta se están celebrando los 800 años de su presencia allí, como digo, su tarea tenía una misión bien concreta, la de convertir a la fe católica a los musulmanes que estaban en aquellas tierras. A fin de cuentas, su deseo no era otro que seguir las huellas de Ntro. Padre San Francisco que unos años antes había llegado a Tierra Santa con el mismo fin, la conversión al Amor, de todos aquellos que no lo conocen por medio del Amor.

Recordemos  que  la  motivación  original  de  San  Antonio  de  Padua  para  unirse  al  grupo  de  los  seguidores  de  Francisco  era  la  de  verse  coronado con la palma del martirio como  aquellos  hermanos  martirizados  en  Marruecos  cuyos  restos  había  contemplado  a  su  llegada  a  Coímbra.  La  espiritualidad  del  martirio  estaba  revestida  de  una  serie  de  aspectos importantes que encontramos  frecuentemente  en el pensamiento  franciscano.

En todo este viaje hay tres realidades que no podemos olvidar y que son lo que en los tiempos que vivimos nos deben llevar a expresar lo que somos desde la coherencia y el testimonio sincero.

En primer lugar, es verdad que San Antonio marchó a tierra musulmana a convertir a aquellos que estaban lejos de Cristo pero desde el ejemplo de san Francisco, que no es otro que el del diálogo. Diálogo, que por otra parte, no puede llevarnos a relativizar lo que somos sino a ser capaces de descubrir en el otro como su vida de fe nos lleve a ver en nosotros los grandes regalos que Dios ha derramado en nuestro corazón a través de Cristo, como nos dijo Fr. Michael Perry ofm Ministro General. El diálogo es esencial, porque nos ayuda a escuchar, pero no un diálogo de un café, sino el diálogo que comparte la experiencia del encuentro con el Creador.

Pero ese diálogo nos lleva a repensar, como nos decía el Fr. Francesco Patton ofm Custodio de Tierra Santa en la inauguración del curso del Instituto Teológico de Murcia OFM,  cual es nuestra tarea hoy en este diálogo, en primer lugar hacer descubrir al mundo musulmán una página de  su  historia  que  le  es  poco  conocida,  pero  ante  la  cual  queda estupefacto en el momento en que la conoce. Hoy es nuestra tarea volver a proponer esta capacidad de esperar  en  la  posibilidad  del  encuentro y del dialogo, y atrevernos  a  vivirlos  en  los  ámbitos  cotidianos de la vida. No importa si somos tomados por soñadores, idealistas e ingenuos.

 El segundo elemento que debemos ser capaces de cuidar, siempre acompañando a San Antonio y como no, siendo fiel a San Francisco, la necesidad de estar formado cuando se va a evangelizar. Tras la nefasta experiencia vivida con los primeros hermanos enviados a evangelizar Centroeuropa, en el Capítulo de las Esteras, reconoce que cuando vayan a evangelizar deben ir formados conociendo las culturas de las tierras que van a pisar y sobre todo ser capaces de comunicarse en la lengua de esas gentes.

Esta realidad se hace presente de un modo particular en aquellos que quieran ir entre sarracenos, que no vayan con ánimo de litigar sino con el deseo cierto de establecer la paz de Cristo y sobre todo la fe en la Trinidad que defiende el diálogo y la convivencia y la pobreza que se expresa en  la  libertad. Y aquí entra nuestro san Antonio que tras la experiencia fallida de poder evangelizar en tierras de Marruecos llega a Italia donde se repone de la enfermedad y cambia su decisión por dedicarse al estudio y la formación, siendo considerado por el mismo san Francisco como su “maestro”. Esta necesidad de la formación se entiende en la Orden desde sus orígenes no como acaparador de títulos que ocupa los mejores puestos en las universidades con más prestigio, sino más bien como un instrumento que ayuda a comprender las culturas ya llevar el mensaje de Cristo a todas las gentes. Por ello la Orden siempre ha entendido la presencia en Tierra Santa y en los países de misión como una evangelización a partir del diálogo con las gentes y sus costumbres.

San Antonio en su viaje que pasa por Ceuta, nunca olvidará su deseo de evangelizar infieles y por eso los estudios y los de sus hermanos los encauza en esta dirección de la evangelización. La misión y la formación van de la mano puesto que es una  misión  que  se  caracteriza  por  un  caminar  por  el  mundo,  entre la gente, mezclándose con el  pueblo,  anunciando  la  paz,  sin  litigar  por  motivo  alguno,  sometiéndose  a  toda  criatura,  trabajando  en  cualquier  trabajo  honesto (Test 20).

Y el tercer elemento que no es tanto fruto de este viaje sino que va insertado en la vocación franciscana de San Antonio es la búsqueda de la justicia del más indefenso, la necesidad de luchar desde lo que somos para que el pan y la justicia lleguen al más desfavorecido.

Por supuesto que el estudio de las leyes están presentes en el santo paduano pero no podemos considerarlo un jurista, sino un hombre justo. Definición que la da el pueblo de Israel a aquellos que sin ser judíos han dado su vida por ayudar al necesitado sea de la religión que sea. Por ello, la búsqueda de la justicia es una realidad en la teología del franciscano.

Algo intrínseco al franciscano es el no poder permanecer indiferente al que necesita un mano que ayude en cualquier situación, ya económica ya espiritual. Por eso, el compartir lo poco que se tiene con el que aún tiene menos es una necesidad en los orígenes de la Orden.

La solidaridad y el compartir buscando no sólo el cubrir las necesidades de un modo asistencial, sino sobre todo, desde la posibilidad de ayudar al que lo necesita que pueda librarse su propio camino y dejar de tener la necesidad de que sean los demás los que le den para vivir, lo cual es otra forma de esclavitu

En definitiva en este aniversario de los 800 años de la presencia de San Antonio de Padua en Ceuta debe servirnos a los franciscanos, y en este caso, a la familia franciscana a darnos cuenta de la necesidad de un diálogo con los no creyentes desde el testimonio que se forma en las raíces de la teología franciscana y lo conduce a la ayuda aportando el pan y la búsqueda de la justicia para los más necesitados de la sociedad.

Fr. Miguel Ángel Escribano Arráez ofm

Instituto Teológico de Murcia OFM

www.franciscanodelamancha.blogspot.com

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