Acompañamiento personal a los Jóvenes. Periferias por las que transitan

En el acompañamiento cristiano intervienen tres agentes: Dios, el acompañado y el acompañante. Cuando hablamos de un acompañamiento personal no nos referimos al que se realiza en la comunidad o el grupo; en este artículo nos referimos a que debemos acercarnos al joven que «habita» ciertas periferias y al que tenemos que aprender a acompañar, como nos señala el profesor Javier García Rodríguez.

De entre las muchas que cabría exponer, solamente voy a indicar tres periferias por considerarlas más relevantes en la cultura actual y en el interior de la Iglesia:

  • La primera periferia es la del futuro. Hasta hace unos pocos años definíamos al joven postmoderno como alguien que vivía en un presente continuo, casi absoluto, olvidando el pasado y sin pensar en el futuro. El joven actual, denominado «hipermoderno», ve el presente mirando el futuro como una amenaza por la incertidumbre en que vive: paro, empleo precario, seguridad social inestable, sensación de inseguridad profesional, inestabilidad vital, difícil abandono del nido materno-paterno… «el presentismo» se le ha venido abajo.
    Hemos de salir al encuentro de esta situación donde los cristianos hemos de generar esperanza, anunciando el plan soñado por Dios en un Amor que no pasa, que permanece y sostiene el proceso histórico del creyente. La Iglesia, la comunidad, el grupo… los hermanos hemos de ser lugar de acogida cordial, hogar donde el joven pueda hacer pie.
  • La segunda es de índole afectiva. Los jóvenes han absolutizado el sentimiento, las sensaciones, el consumo… Todo esto repliega al joven sobre sí mismo y lo vuelve narcisista. Hoy Narciso es el símbolo de nuestro tiempo; nos incapacita para amar a un tú, su pretensión no es darse a los demás, sino poseer al prójimo hasta hacerlo desaparecer: fenómenos como el bullying, el botellón, el consumo de drogas, las relaciones sexuales a edades tempranas, las redes sociales… son heridas que provocan estas periferias que llevan a la soledad.
    Estos jóvenes quizá no nos pidan ayuda, pero la necesitan. Debemos salir a su encuentro y adentrarnos en su verdad más profunda. La fuente originaria del Amor es el Misterio de Dios que sale al encuentro del hombre (cfr. Lc 15).
  • La tercera periferia es la increencia, la indiferencia religiosa. A nuestros jóvenes no se les ha iniciado en la experiencia religiosa (no saben ni santiguarse), por lo tanto no se les ha enseñado que Jesús está ahí y te espera y nos precede en el Amor. Son muy pocos los que permanecen en la Iglesia como en un hogar estable; muchos lo ven como una etapa volante, no como un lugar para quedarse. Habiendo preparado toda clase de materiales catequéticos y formativos, no tenemos jóvenes que quieran transitar por ellos.

Hemos pasado del homo religiosus al homo indifferens. Presuponemos la fe y no damos el paso hacia esa periferia anterior que es ir al encuentro.

Nos hemos quedado con una oveja en el redil y hemos olvidado las noventa y nueve que no tienen Pastor. Hoy hemos de salir a evangelizar, ya que la Iglesia existe para eso y eso requiere de nuevos evangelizadores. Son los propios jóvenes creyentes los llamados a contagiar el amor y la pasión que sienten por Jesucristo; jóvenes y adultos que sean antorchas que alumbren y que no se oculten. Centinelas de la noche y Auroras de la mañana.

Fray Severino Calderón, ofm

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