Fiesta navideña con los mayores. Contamana

El 26 de diciembre en la tarde hemos tenido la fiesta navideña con los adultos mayores de Contamana. El grupo mariano y samaritano han preparado esta hermosa fiesta con el tema “hagamos sonreír y sembremos sonrisas” porque es Navidad.

La tarde se oscureció, amenazaba agua en abundancia, así que los adultos mayores que decidieron acudir a la fiesta lo hicieron temprano, de modo que la lluvia les cogió en la Iglesia, aún así, acudieron unos sesenta adultos mayores, no podían faltar los niños que en cuanto huelen fiesta corren para estar presente.

La fiesta la iniciamos en la Iglesia, un pastor invitaba con el canto a entrar para adorar al Niño Dios, las marianas vestidas de pastoras y cantando, entraron en el templo hasta llegar a la cuna del Niño Jesús, una vez a allí y, con mucha gracia, entonaron villancicos: Niño Manuelito, Vamos pastores vamos, Suena el manguaré… todos cantaban a coro, el ambiente no podía ser más cálido y fraterno; Dios nos bendecía con la hermana agua y nosotros bendecíamos a Dios por tanto amor derramado en la encarnación de su Hijo.

Recordamos como en medio de la noche oscura, una luz anunciaba el nacimiento de Jesús y como los primeros en llegar fueron los pastores para adorar al Niño Manuelito, envuelto en pañales y recostado en el pesebre.

Momento sublime fue cuando se fueron acercando para besar a Jesús; un beso, expresión de fe y devoción; un beso de ternura y de amor; un beso que nos hace mejores personas porque saca la parte más tierna y humana de cada uno de nosotros. Algunos ancianos no se conformaron con un beso, sino le tocaban el rostro, lo acariciaban, le expresaban sus deseos más profundos.

Luego, de esta hermosa y sencilla liturgia, los adultos acompañados por los samaritanos y las marianas, pasaron al auditorio del Cebe, allí la fiesta tuvo otro color, otro ritmo y otro gusto. El color de una vida en la que brotan, aunque sea por un momento, montones de risas hasta llegar a saltar las lágrimas, ¡qué escena más buena! Atrás quedaron las tristezas y llegaron las risas saludables y fraternas. El ritmo de la danza y del baile, no importa la edad, ni la enfermedad, se hace frente a la vida con el movimiento que echa fuera de sí el sufrimiento y la amargura. Y, por último, el gusto de un buen chocolate, hecho con mucho amor, para todos

La fiesta terminó con palabras de agradecimiento a todos los presentes. La alegría transformó el rostro de adultos mayores, adultos y niños, a todos nos quedó un recuerdo precioso de lo bien que nos hace “reír, aunque el alma esté tocada por el sufrimiento y la soledad”. Los adultos mayores fueron acompañados a la calle para montarles en motocarros y regresar a sus casas.

En alabanza de Jesús, recién nacido. Amén.

Hno José Luis Coll Esteve

 

FUENTE: http://vicrequena.org/

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